Un iPad abandonado en el fondo del Támesis durante cinco años arroja luz sobre un intento de asesinato

Un iPad abandonado en el fondo del río Támesis de Londres durante más de cinco años se ha convertido en una prueba clave en una compleja investigación sobre un intento de asesinato. Este hecho notable ha demostrado una vez más el estado de las tecnologías forenses y lo decisivas que pueden ser las huellas digitales. El descubrimiento del dispositivo contribuyó directamente a resolver un caso de intento de asesinato que llevaba años sin resolverse.

En 2019, un ex ladrón llamado Paul Allen fue atacado por hombres armados no identificados en su casa de Londres. Allen, que estaba en su cocina en ese momento, recibió seis disparos, una de las balas impactó en su garganta y se alojó en su médula espinal. Gravemente herido, Allen sobrevivió, paralizado del pecho para abajo, pero los autores del ataque no fueron identificados durante mucho tiempo.

La policía localizó a los criminales con pruebas digitales

Los detectives que intentaban resolver el atentado pusieron en marcha una exhaustiva operación de rastreo digital tras el incidente. Aunque en un primer momento no se lograron avances visibles, una nueva operación de búsqueda llevada a cabo años después arrojó un hallazgo notable. Los equipos policiales registraron un determinado tramo del río Támesis con la esperanza de encontrar el arma utilizada durante el atentado. Pero en lugar de una pistola, se encontró un iPad cubierto de barro.

Exactamente cinco años después del incidente, un agente de policía encontró este iPad utilizando un detector de metales. El hecho de que el dispositivo siguiera siendo utilizable a pesar de llevar tanto tiempo bajo el agua cambió por completo el curso de la investigación. Los exámenes forenses encontraron una línea Vodafone aún operativa en la ranura de la tarjeta SIM del iPad y los análisis de esta línea arrojaron importantes datos de llamadas.

Los registros de llamadas y los rastros de GPS vinculados a esta tarjeta SIM apuntaban a un dispositivo de seguimiento instalado previamente en el coche de Paul Allen. Así, se entendió que los atacantes habían seguido a Allen durante mucho tiempo y habían llegado a su casa con este método. Aunque las pruebas físicas eran limitadas, los rastros digitales acercaron un poco más a los sospechosos.

Durante la investigación, tres personas fueron detenidas en relación con el incidente: Louis Ahearne, Stewart Ahearne y Daniel Kelly. Los tres sospechosos ya habían estado relacionados con otro delito, un sonado robo de antigüedades en un museo de Suiza. En el robo del museo se sustrajeron tres valiosos objetos de la dinastía Ming del siglo XIV.

Cuando los acusados subastaron estos artefactos para su venta, atrajeron la atención de las autoridades de seguridad. La casa de subastas cooperó con la policía para organizar la operación. Las muestras de ADN tomadas tras la detención de los sospechosos y los registros de delitos anteriores permitieron establecer un vínculo directo con el ataque a Allen.

Además, en el transcurso del juicio, uno de los sospechosos admitió que el coche que utilizaron durante la huida se había detenido brevemente a orillas del río Támesis. La importancia de las pruebas digitales aumentó aún más cuando este testimonio coincidió con la localización del iPad. El historial GPS y los datos de llamadas contenidos en el iPad demostraron que estos tres nombres estaban directamente relacionados con el atentado.

En el juicio celebrado en Old Bailey, uno de los tribunales de mayor seguridad del Reino Unido, se acusó a tres acusados de intento de asesinato. El tribunal, reconociendo la fiabilidad de las pruebas digitales, llegó a una decisión definitiva en este caso, que llevaba cinco años sin resolverse. Los acusados serán condenados en las próximas semanas.

Por otro lado, el nombre de Paul Allen se dio a conocer al público por primera vez no con este incidente, sino con uno de los mayores robos de dinero en efectivo de la historia de Inglaterra en 2006. Allen, que formaba parte de la banda que robó 53 millones de libras del almacén de la empresa de seguridad Securitas, fue capturado más tarde y condenado a 18 años de cárcel. Sin embargo, fue puesto en libertad condicional en 2016 sin cumplir toda la condena.

Sea como fuere, el papel de los dispositivos tecnológicos en los procesos forenses es cada vez mayor. El hecho de que un iPad que permaneció sumergido durante años haya podido resolver un delito grave como un intento de asesinato demuestra el poder de los rastros digitales y la competencia de los cuerpos de seguridad en este campo. Además, este caso demuestra que los avances en la investigación forense digital han permitido resolver incluso delitos cometidos en el pasado.

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Un iPad recuperado del río Támesis en Londres resolvió un intento de asesinato que tuvo lugar hace años. Tres personas fueron declaradas culpables gracias a las pruebas digitales.

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Un iPad abandonado en el fondo del Támesis durante cinco años arroja luz sobre un intento de asesinato del ex ladrón Paul Allen. Las pruebas digitales incriminaban a tres personas.

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