El modelo de inteligencia artificial de OpenAI, Sora, capaz de convertir texto en vídeo, se filtró en Internet a raíz de una protesta de un grupo de artistas. Esto desencadenó un nuevo debate sobre cómo las tecnologías de inteligencia artificial afectan a los procesos artísticos y cómo las empresas tecnológicas colaboran con los artistas. El grupo de artistas «PR Puppets», que organizó la protesta, afirmó que OpenAI los utilizaba como trabajadores de investigación y desarrollo no remunerados. La empresa negó estas acusaciones, explicando que la participación en el programa de pruebas Sora era voluntaria y que no había obligación de proporcionar comentarios.
El grupo PR Puppets hizo público Sora compartiendo un enlace en la plataforma Hugging Face el martes por la mañana. Este enlace conectaba con los puntos finales reales de la API de Sora y funcionaba con la información de validación de OpenAI a través del dominio videos.openai.com. Sin embargo, OpenAI canceló este acceso a las pocas horas. No obstante, muchos usuarios tuvieron la oportunidad de experimentar Sora durante este tiempo y compartieron los vídeos que produjeron en las redes sociales.
El grupo describió la filtración como «una postura contra las empresas que explotan el trabajo de los artistas». Tras la protesta, PR Puppets publicó una carta abierta en la que afirmaba hablar en nombre de los aproximadamente 300 artistas que participaron en el proceso de pruebas de Sora. La carta acusaba a OpenAI de utilizar a los artistas como mano de obra no remunerada y hacía hincapié en que sólo se promocionaría ampliamente el trabajo de unos pocos artistas.
Tensión entre OpenAI y los artistas
PR Puppets afirmó que OpenAI estaba «utilizando el arte como herramienta en su estrategia de relaciones públicas». El grupo argumentó que no está en contra del uso de la tecnología de inteligencia artificial como herramienta en el arte, pero que este proceso debería llevarse a cabo de una forma más justa para los artistas. También afirmó que la necesidad de contar con la aprobación de OpenAI para compartir públicamente los contenidos producidos con Sora restringe la libertad de los artistas.
OpenAI afirmó que Sora se encuentra todavía en fase de investigación previa y que está trabajando para consolidar las medidas de seguridad y las normas éticas antes de lanzar la plataforma a un público más amplio. «Estamos colaborando con cientos de artistas en el desarrollo de Sora, y sus sugerencias nos ayudan a priorizar las nuevas funciones», afirma la empresa. No obstante, la empresa también recordó que los artistas que participen en el programa de pruebas no deben violar los acuerdos de confidencialidad.
Sora fue presentada por primera vez por OpenAI en febrero de 2024 y atrajo gran atención, especialmente en Hollywood. La plataforma llamó la atención por su capacidad para convertir órdenes basadas en texto en contenido visual. Sin embargo, el interés por Sora decayó un poco cuando empresas como Google y Meta anunciaron herramientas de producción de vídeo con características similares.
Mira Murati, CTO de OpenAI en aquel momento, dijo en marzo que Sora estaría disponible para el público a finales de 2024. Sin embargo, Kevin Weil, responsable de desarrollo de productos de la empresa, afirmó en una sesión AMA (Ask Me Anything) en Reddit que el lanzamiento completo de la plataforma podría retrasarse. Weil explicó que el motivo del retraso era «perfeccionar el modelo, las medidas de seguridad y reducir los riesgos de imitación».
La filtración de Sora tras la protesta ha reavivado el debate sobre el papel que desempeñarán las tecnologías de inteligencia artificial en los procesos artísticos. A los artistas les preocupa que, si bien estas herramientas facilitan sus procesos creativos, también crean un entorno en el que su trabajo no se valora lo suficiente. Las empresas tecnológicas insisten en la importancia de colaborar con los artistas en el desarrollo de estas herramientas.
Lo ocurrido en el incidente de Sora puede considerarse un reflejo de la compleja relación entre la inteligencia artificial y el mundo del arte. Garantizar el uso ético de estas tecnologías y proteger los derechos de los artistas exigirá probablemente más diálogo y cooperación en el futuro.

