hay un rincón de la Antártida que parece sacado de una película de David Cronenberg. Está situado en los valles secos de McMurdo, un inmenso desierto helado donde, periódicamente, un chorro de líquido carmesí brota repentinamente del blanco deslumbrante del Glaciar Taylor.. Se llaman Blood Falls y, desde su descubrimiento en 1911 por el geólogo Thomas Griffith Taylor, han alimentado un siglo de especulación científica.
Recientemente, una serie de observaciones realizadas desde 2018 han aclarado varios misterios, como la naturaleza de su color rojizo y qué los mantiene líquidos a casi -20 grados centígrados. Una nueva investigación publicada esta semana en la revista Antártida Science añade la última pieza al rompecabezas, aclarando qué fenómenos impulsan a las cataratas a brotar desde el subsuelo.
La ciencia detrás de las cataratas de sangre
En el momento de su descubrimiento, Taylor atribuyó el color a la presencia de microalgas rojas. Más de un siglo después, los científicos han determinado que el rojo se debe a partículas de hierro atrapadas en nanoesferas junto con otros elementos como silicio, calcio, aluminio y sodio. Probablemente fueron producidos por bacterias antiguas atrapadas bajo tierra en el área: una vez en contacto con el aire, el hierro se oxida, dando a la mezcla su característico color óxido.
En cuanto a la presencia de agua líquida, en realidad se trata de una salmuera hipersalina, formada hace unos 2 millones de años cuando las aguas del océano Antártico retrocedieron de los valles. La altísima salinidad de esta salmuera evita que el agua se congele, lo que permite que salga a borbotones periódicamente.
El nuevo descubrimiento
Una vez resuelto el enigma de la temperatura, quedaba la pregunta de qué impulsó físicamente la erupción del fluido. La respuesta provino del cruce de datos de GPS, sensores térmicos e imágenes de alta resolución recopiladas en 2018 durante una erupción. El análisis demostró que las Cataratas de Sangre son el resultado de variaciones de presión que afectan los depósitos de salmuera debajo del glaciar.
A medida que el glaciar Taylor se desliza río abajo, la masa de hielo suprayacente comprime los canales subglaciales, generando una presión tremenda. Cuando la tensión se vuelve insoportable, el hielo cede: la salmuera presurizada se filtra en las grietas y sale disparada en breves ráfagas. Curiosamente, esta liberación actúa como un freno hidráulico, ralentizando temporalmente la marcha del glaciar. Con este descubrimiento, los misterios de Blood Falls finalmente deberían haberse resuelto, al menos por ahora. Aún se desconoce el impacto del calentamiento global en este complejo sistema en las próximas décadas.
Esta historia apareció originalmente en WIRED Italia y ha sido traducida del italiano.
