En la última semana de noviembre, en el nuevo episodio del Podcast de Teknoblog con Ali Doğru, hablamos de una agenda tecnológica muy intensa y con múltiples capas. Merece la pena hablar de los efectos de los avances en el campo de la inteligencia artificial tanto en la productividad como en la mano de obra. El tan esperado paso de Turquía hacia la soberanía de los datos, aunque agradable, era un paso largamente esperado. Por otro lado, las estrategias de hardware de los actores globales, los proyectos de inteligencia artificial patrocinados por el Estado y las decisiones económicas que afectan directamente a los consumidores fueron las piedras angulares de esta sección.
Nuestro viaje, que comenzó en Turquía, se vio marcado por la asociación de Google Cloud con Turkcell. Gracias a ella, los ingenieros turcos podrán ahora procesar datos regulados en las plataformas de Google dentro de las fronteras de Turquía. Esta inversión, que supondrá un gran alivio especialmente en sectores fuertemente regulados como la banca, las finanzas, la aviación y el comercio electrónico, debe considerarse no solo como una cooperación técnica, sino también como un bloque de construcción para la economía digital. Se calcula que Google destinará a este proyecto un presupuesto de 4.200 millones de dólares en los próximos años, y su contribución directa a Turquía alcanzará los 5.000 millones de dólares anuales. Se espera que estas inversiones se pongan en servicio a partir del segundo semestre de 2028 y que estén plenamente operativas en 2032. Teniendo en cuenta que los centros de datos regionales serán una alternativa no solo para Turquía, sino también para los países de su entorno, esta inversión en infraestructuras tendrá implicaciones estratégicas.
En el frente mundial del hardware de IA, destaca el acuerdo de Meta con Google para reducir la dependencia de Nvidia. Con un gasto de capital de entre 70.000 y 72.000 millones de dólares, Meta utilizará a partir de ahora los procesadores de inteligencia artificial propios de Google, los TPU, en sus centros de datos. Aunque hasta ahora Google sólo utilizaba estos procesadores para sus propios productos, con este acuerdo asume el papel de proveedor directo de hardware. El descenso de las acciones de Nvidia tras esta decisión y el aumento observado en el lado de Google es un reflejo directo de la reacción del mercado. Puede leerse como un desarrollo positivo en términos de proporcionar diversidad en el hardware, aliviar los cuellos de botella en la cadena de suministro y proporcionar un servicio más asequible y más estable al usuario final. En otras palabras, no se limita a la asociación estratégica de dos empresas gigantes; este cambio puede ser el comienzo de una nueva competencia en la infraestructura de procesamiento de datos.
El proyecto Genesis Mission, lanzado por Estados Unidos este mes, ha redefinido la relación entre tecnología y política. El presupuesto asignado a este proyecto, iniciado por orden presidencial y que llevará a cabo el Departamento de Energía, es de 50.000 millones de dólares sólo para infraestructuras. Su finalidad es clara: Equilibrar los avances de China en áreas estratégicas como la inteligencia artificial, la fusión nuclear y la computación cuántica. En el marco de la Misión Génesis, se integrarán conjuntos de datos científicos dispersos con superordenadores, lo que permitirá acelerar los procesos de descubrimiento científico. El interés de Estados Unidos por este proyecto lo convierte en la mayor inversión pública desde el programa de la bomba atómica. Esto demuestra claramente que la tecnología se ha convertido no sólo en un factor comercial, sino también estratégico y geopolítico.
Los efectos destructivos de la inteligencia artificial sobre la mano de obra ya no son teóricos, sino ejemplos concretos. El plan de reestructuración anunciado por HP es un claro indicador de esta situación. Se anunció el despido de entre 4.000 y 6.000 personas para finales del ejercicio fiscal 2028. Esta cifra corresponde al 10% del número total de empleados. Pero el detalle más llamativo es que estos despidos se harán no sólo en tareas operativas, sino también en puestos creativos como el desarrollo de productos. Esta decisión demuestra que la inteligencia artificial puede sustituir la productividad no sólo en trabajos mecánicos, sino también en áreas que requieren inteligencia humana. Puede que la empresa espere un ahorro de 1.000 millones de dólares al año, pero creemos que el impacto social y cultural a largo plazo de la decisión será mucho mayor.
En el frente de OpenAI, las proyecciones de futuro también son bastante ambiciosas. El objetivo de la empresa para 2030 es alcanzar los 220 millones de abonados de pago y generar 100.000 millones de dólares en ingresos. Para alcanzar estos objetivos, se diseñan conjuntamente estrategias de suscripción individuales y corporativas. Sin embargo, un uso generalizado de la inteligencia artificial a este nivel tiene el potencial de afectar no sólo al mercado tecnológico, sino también a la estructura cognitiva del individuo. Como destacamos en el podcast, riesgos como la atrofia de las habilidades de pensamiento, la menor tolerancia a cometer errores y la estandarización del pensamiento creativo no deben pasarse por alto al hablar del futuro de la tecnología. En el punto al que hemos llegado hoy, vemos que la inteligencia artificial se está desplazando hacia la posición de «tomador de decisiones» en lugar de «ayudante». Se trata de una ruptura profunda que podría afectar a una amplia gama de ámbitos, desde la educación a la contratación, desde la sanidad a la producción artística.
Además de todos estos temas de inteligencia artificial e infraestructuras, en nuestra agenda también figuraban novedades que afectan directamente a los consumidores. La expectativa de que la subida del precio de Spotify de un dólar en EE.UU. en 2026 se refleje en Turquía puede hacerse sentir en las tarifas más altas, especialmente con el efecto del tipo de cambio. Sin embargo, la decisión que fue el principal tema de debate fue el aumento de la tasa de registro del IMEI a 57.245 TL. Un coste de este nivel bloqueará por completo a los usuarios que quieran traer teléfonos del extranjero. El hecho de que el acceso tecnológico se haya vuelto tan costoso debe abordarse no sólo como un impuesto, sino también como un problema de desigualdad digital.
En el frente de los nuevos dispositivos, la serie Mate 80 de Huawei y el modelo plegable Mate X7 llaman la atención por sus características técnicas. En concreto, la modalidad que ofrece una batería de 6.000 mAh, 8.000 nits de brillo de pantalla y hasta 14 días de autonomía ofrece soluciones funcionales para el usuario. Sin embargo, el modelo Poco F8 Ultra reivindica el rendimiento con su procesador Snapdragon 8 Elite Gen 5. Con un precio de alrededor de 60.000 TL, el dispositivo, que pretende ser un flagship killer, puede ser una alternativa especialmente para los usuarios de Android. La versión Estándar «recortada» del Tesla Model Y, que llegó a Turquía, no cumplió las expectativas debido a su bajo equipamiento a pesar de la elevada diferencia de precio.
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