Después de que EE.UU. aumentara drásticamente los aranceles a China, la esperada respuesta de Pekín no se hizo esperar. China anunció que aumentará en un 50% el nuevo arancel sobre los productos importados de Estados Unidos. Con este nuevo tipo que se añade al impuesto del 34% anunciado anteriormente, la carga aduanera total aumenta hasta el 84%. Inmediatamente después de esta decisión, otras 12 empresas con sede en EE.UU. fueron incluidas en la lista de control de exportaciones de China.
En un comunicado, la Comisión Arancelaria de China calificó de «cadena de errores» los pasos dados por EEUU para aumentar los aranceles. La declaración subrayaba que esta práctica viola los derechos comerciales legítimos de China y perjudica al sistema multilateral de comercio. Según la Comisión, tales prácticas amenazan no sólo las relaciones bilaterales, sino también el equilibrio del comercio mundial. Por tanto, la decisión de China de responder se ha hecho inevitable.
China no se conformó con aumentar el impuesto
La administración Trump aumentó los impuestos sobre los productos chinos en un 50% hasta un total del 104%. Esta tasa se formó con nuevas cargas añadidas al impuesto existente del 20%. En respuesta a este aumento, China elevó su propio impuesto de importación al 84%. La aplicación por parte de China entrará en vigor el 10 de abril.
Esta evolución no se limitó a los tipos impositivos. China también añadió otras 12 empresas con sede en Estados Unidos a la lista de control de exportaciones para limitar la exportación de productos estratégicos. Se prohibió la exportación de productos de doble uso para estas empresas, es decir, equipos con fines tanto civiles como militares. Así, el número de empresas estadounidenses incluidas en la lista aumentó a 28.
Las restricciones a la exportación impuestas por China a estas empresas preocupan especialmente a los sectores de defensa, aeroespacial y de tecnología avanzada. Entre estas empresas se encuentran organizaciones que operan en los sectores de la energía, los microchips y el software. Sin embargo, estas restricciones pueden afectar no sólo a estas empresas, sino también a sus socios de terceros países en la cadena de suministro. Esto puede hacer que los productores radicados en Estados Unidos recurran a fuentes de suministro alternativas.
Los aranceles impuestos por la administración Trump no se limitaron a China. Se extendieron aranceles similares a Europa, Canadá y algunos países asiáticos. China, por su parte, prefirió una respuesta simétrica a los aumentos directos en su contra. Esta medida se considera un indicador del enfoque de Pekín sobre el equilibrio en el comercio.
Además de todo esto, se observa que China está adoptando una postura cada vez más dura en sus políticas comerciales. Especialmente los elevados impuestos impuestos en los dos últimos años y las restricciones impuestas a las empresas tecnológicas demuestran que Pekín hace hincapié en la seguridad económica. Aunque estas políticas pueden causar dificultades a algunos exportadores a corto plazo, se cree que pueden tener un efecto que fomente la producción nacional a largo plazo. Esto puede llevar a China a remodelar sus políticas industriales.
No obstante, es poco probable que estas tensiones económicas entre China y Estados Unidos acaben a corto plazo. La actual competencia tecnológica entre ambos países, las sanciones comerciales y las preocupaciones geopolíticas alimentan constantemente las tensiones. Por ello, los pasos mutuos que den las partes pueden tener efectos a largo plazo no sólo en el terreno económico, sino también en el diplomático. Las miradas estarán puestas en las nuevas decisiones sobre sanciones que se anunciarán en las próximas semanas.

